El primer sábado a partir del 15 de noviembre, y hasta finales de marzo, se celebra en
Richerenches el que es considerado el mercado de la trufa más grande de Europa.
Cada sábado por la mañana, de 9 a 13h, se citan en el mercado, marchantes de trufas, truferos, compradores y turistas curiosos en un mercado por dos calles del centro del pueblo, la Avenue de la Rabasse et le Cours du Mistral, y
El tercer domingo de enero, podemos asistir a la misa de la trufa.
En la calle principal, podemos encontrar puestos de venta de productos locales y artesanales, quesos, aceitunas, plantel de hierbas aromáticas, robles y encinas truferas, y pequeñas paradas de venta de trufa, principalmente la trufa negra (tuber melanosporum), que es la más apreciada y valorada, pero también podemos encontrar la trufa tuber brumale, mucho menos aromática ya mitad de precio.
En una calle perpendicular, encontramos un grupo de coches con el maletero abierto, truferos haciendo cola con su cosecha de la semana, y al mayorista de trufa, con una balanza de precisión y un bolsillo lleno de billetes, comprando hasta llenar las cajas del maletero.
Aquí es donde actúan los grandes compradores venidos de otros países y los mayoristas de trufa, que después harán su distribución para todo el país.
A la hora de comer, en el mismo pueblo, un lugar recomendable puede ser el
restaurante el escape , donde el chef Nicolàs y su padre, le ofrecerá un menú basado en la trufa.
Con la
Familia Viret , pudimos ir a buscar trufas en un bosque de su propiedad, con perros adiestrados por esta noble tarea. Pero allí, fue donde el cocinero
Xavier Pellicer, me descubrió la técnica de buscar trufas con mosca. En un principio me lo oí, con respeto, pero ni voy a hacer mucho caso, ni lo voy a entender demasiado. Pero en Didier, nos mostró la técnica:
se trata de coger una ramilla y pasarla cerca del suelo, y asustar a las moscas que puedan haber; si la mosca que ha levantado el vuelo, vuelve al mismo lugar donde estaba originalmente, es que allá debajo hay una trufa. Así de sencillo, y así de inaudito.
Utilizando esta técnica, encontramos tres trufas. Me quedé atónito, estupefacto, y merodeado. Y por un momento, nos pareció que estábamos en absoluta comunión con el bosque, que nos habíamos integrado y que lo habíamos entendido. Con nuestros ojos, y cavando con nuestras manos, habíamos encontrado un alimento que un insecto nos había señalado.
Me pareció fantástico (y bonito) lo que nos puede enseñar la naturaleza, lo que nos puede enseñar una simple mosca, y en todo el mensaje que contenía el gesto: la observación de la naturaleza. Lo tenemos todo delante de los ojos, y solo debemos observarlo. Y aprender.