Durante la feria se realizaron diferentes catas, donde se podían comparar organolépticamente cinco o seis variedades de tomates, plantadas en el huerto de L’Espelt, en recuerdo del payés que cultivaba este huerto y que murió recientemente.
En las diferentes catas, los tomates que parece que gustaron más fueron el llamado Rosa ple, pometa de Bigues y cor de bou, pero todos los que se catar eran interesantes.
Pep Salsetes, es uno de los impulsores del proyecto, en el que ha dedicado años a la búsqueda de estas semillas que algunas viejas casas de payés todavía cultivan para consumo propio. Así, se han podido salvar de desaparecer. Es una feria pensada para divulgar estas variedades, y hacer que haya una demanda por parte del consumidor. En un taller de semillas, la ponente decía: “aquellos de vosotros que tienen un pequeño huerto, tienen el mismo trabajo en plantar una variedad industrial que una variedad recuperada, por tanto, salva estas variedades”. Tenía toda la razón. Si en el momento de comprar las plantas para hacer nuestro huerto (podéis encontrar semillas en las refardas), tenemos la opción de escoger una variedad antigua, estaremos salvando de la extinción estas variedades, y podremos disfrutar del tomate que comían nuestros abuelos. Iniciativas como esta, hacen ilusión y valen la pena.
Una feria donde también he podido conocer a un grupo de jóvenes truferos, que han puesto en marcha la iniciativa de recuperar campos abandonados de avellanos, limpiándolos, haciendo la cosecha de la avellana, y sobre todo buscando trufas y junto con l’Irta, quieren conseguir cultivar la trufa autóctona del Vallès, inoculando el hongo en las raíces de los avellanos.
Pero eso es otro tema, que hablaré más adelante.

